Evasió sobre dues rodes

LA LÓGICA, ESA GRAN DESCONOCIDA

Nuc - Moteros Trail Barcelona, febrero de 2008

Esta noche mi mente ha sido iluminada, mis pensamientos han sido conducidos por sendas complicadas en busca de una respuesta que ha preocupado a generaciones de filósofos y mentes preclaras de nuestra sociedad. ¿Por que los hombres no somos lógicos?

Me he levantado confuso y adormecido, caminando hacia el baño como cada mañana en busca del glamuroso alivio de dejar salir de mi cuerpo los restos de la cerveza de la noche anterior, mientras un bostezo cruza mi rostro y con la otra mano ejerzo un suave rascado al final de la casta espalda. Allí de pié, mirando hacia abajo, e intentando apuntar con más buena voluntad que acierto, he empezado a preguntarme para que necesitaba algo así colgando entre las piernas. La verdad es que por el uso que le doy, bien podría guardarlo en una caja, porque debido a su escaso tamaño ni siquiera me sirve de contrapeso cuando ando o cuando plego con la moto. Entonces ¿para que llevar eso aplastado contra los calzoncillos?. Ni idea, pero en mi interior me doy cuenta que aunque inútil, me gusta llevarlo conmigo a todas partes, incluso cuando es aplastado contra el depósito de forma dolorosa en alguna apurada de frenada.

Me dirijo a la ducha, y bajo el chorro de agua caliente me doy cuenta que la moto siempre está presente en mis deducciones, en mis planteamientos, en mi forma de vivir y de hacer, será que el agua me está despertando o tal vez simplemente ese chorro hirviendo y esa bruma de vapor me están adormeciendo de nuevo.? No lo se, como tampoco se porque tengo la moto que tengo en el parking. He ahí la cuestión: Realmente necesito esa moto?, es la mejor opción para mi?

Tengo una moto con más caballos que los que tenía una locomotora de vapor cruzando la península con vagones cargados a sus espaldas. Pesa 3 veces lo que yo. Es de una altura inaccesible y con una fama de fiabilidad inferior a un plato de porcelana en un comedor estudiantil. Lo único que le queda para rematar la faena es su sed desaforada de líquido octanado mas caro que el güisqui. Entonces, porque demonios voy con eso a trabajar? Creo que lo mejor va a ser salir esta tarde pronto del trabajo y cambiarla por un cómodo y confortable scotter 4 tiempos y que gaste menos que un zippo.

Me visto con mi parsimonia habitual y almuerzo tranquilamente observando por la ventana el ir y venir de los transeúntes con un pedazo de tarta en las manos que mi mujer tuvo el cariño de prepararme la noche anterior. Sí, esta tarde pasaré por la tienda a ver que tienen par ir a trabajar que sea lógico, y con lo que sobre le haré un regalo a mi mujer.

Cojo las llaves, la cartera, y bajo al parking en busca de mi locura de moto que debe estar esperando como cada mañana pensando que ruidito puede hacer para que empiece a comerme la olla sobre todo lo que he leído por internet sobre ella y las posibles averías.

Abro la puerta y allí está, luciendo su azul gauloisse bajo los focos y dejando entrever zonas naranjas y otras barrosas que dejé la noche anterior al volver por pistas del trabajo. Sí, esa mancha en la zona del portamatrículas debe ser del charco que atravesé por la mitad con la rueda de delante a punto de levantarse, y la del lateral izquierdo debe ser de cuando la apoyé en el margen del camino para contemplar desde la montaña las luces multicolores de los pueblos costeros y la serpiente de luz que se forma en la autopista que los une a todos. Realmente, en esos momentos de tranquilidad, observando el transcurrir del tiempo, la vida parece mucho mas sencilla.

Bueno, mejor me dejo de divagar y saco la moto a la calle que es hora de ir al trabajo. Pongo la llave en el contacto y le doy al botón del arranque...bruommmm,clic,clic,clic,clic...los tensores de las cadenas de distribución parecen estar perezosos esta mañana...clic,clic....Ya está, en su punto, con el aceite empujándolos y eliminando el ruidito del motor dejando sólo las explosiones del motor salir por los akrapovic a un ritmo constante y metrado como el golpeteo de un corazón joven.

La dejo al ralentí que vaya atemperando su cuerpo mientras voy poniéndome la chaqueta, los guantes y el casco. Su sonido me va embargando acompasando mis latidos y filtrándose en mi mente como los primeres compases de una canción de la banda sonora de Easy rider.

Me pongo a su lado. Con una mano agarro el manillar mientras pongo un pié en la estribera y reniego de la tontería de tener una moto tan alta que me impide subir y maniobrar normalmente. Vaya locura habérmela comprado. Me siento cómodamente y observo como su cúpula afilada se une con una sinuosa curva al carenado y los relojes donde la aguja de las revoluciones se mantiene oscilante en la zona mas baja del reloj esperando a que la estruje y el cuentakilómetros me muestra flamante su llegada a los sesenta mil. Dioses, que buenos recuerdos hay detrás de cada dígito del pequeño contador; cuantas veces esos números han reflejado el último rajo de sol del día o han ido contando a medida que el sol ha empezado a dibujarse en el horizonte mientras la bruma se disipa.

Mejor voy engranado primera que si no llegaré a la hora de comer. Oigo un suave clonc y suelto con lentitud el embrague mientras la moto salta hacia delante intentando llegar a la esquina antes que su sombra se de cuenta que ya hemos partido. El rugido del motor se destapa enfilando la autopista y el tráfico desaparece. Avanzo dando gas, entre coches, apretando los frenos hasta sentir la rueda trasera perder la trazada, esquivando scotters, enlazando las plazas redondas con las estriberas acercándose peligrosamente al asfalto y dejo que las luces iluminen más de un retrovisor con un haz de luz potente y arrogante.

Cuando llego al trabajo y la aparco sobre la pata de cabra, me la miro y me viene a la memoria las dudas de esta mañana. Una sonrisa se dibuja en mis labios y me doy cuenta que esta es mi moto, que es “mi moto lógica” ya que ella me transmite cosas que “necesito”, al igual que también hay un bulto sospechoso que también me transmite cosas que “necesito”. Tal vez el hombre no sea lógico, pero me encanta tener una moto “ilógica” que MLPD